Lo que tocaba Carlos tenía cierta rugosidad, sus fosas nasales abrían paso a un optimismo profundo y su mirada distinguía un salvajismo descontrolado. Sus papilas gustativas saboreaban las lágrimas del perdón y su agudo oído se percataba de una palabra sin apenas significado…. Por eso, después de cierto tiempo, se dio cuenta de que su vida no tenía sentido….
Ey qué pasa?
Advertisement